lunes, 14 de noviembre de 2011

LA HUELLA DEL ARQUITECTO

Cuando se consigue el respeto y la admiración de los colegas, hay algo del orden del saber que ejerce también su poder e influencia. Daniel Silberfaden, decano de la Universidad de Palermo, y Clorindo Testa hablan del Alvarez arquitecto.

La vida de Mario Roberto Alvarez es la historia brillante, certera y exitosa de una persona que se vislumbrara ya siendo un joven estudiante de secundario, con la obtención de la medalla de oro que otorga el Colegio Nacional Buenos Aires y luego como universitario, alcanzando el mismo reconocimiento por parte de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo. A su vez, fue presidente del centro de estudiantes, honor que, en aquella época, se concedía al mejor alumno. Como ganador de la beca, Alvarez tuvo la posibilidad de viajar a Europa en el año 1938, lo que le permitió descubrir un mundo tenso y contradictorio que avanzaba hacia una guerra, pero también el impacto de la ciudad europea y, especialmente, la innovadora arquitectura racionalista que rompía con la todavía vigente tradición del neoclasicismo de la escuela del Beaux Arts.

El Arquitecto Mario Roberto Alvarez es una de las figuras más importantes de la arquitectura argentina de todas las épocas. Su producción, un infrecuente equilibrio entre calidad y volumen construido, lo ubica en este sitial, posiblemente único. Obras de arquitectura públicamente reconocidas, como el Teatro General San Martín, edificio IBM, edificio Plaza San Martín, edificio Somisa, Sanatorio Güemes, ampliación de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, Museo de Bellas Artes de Neuquén, ampliación Teatro Colón y Torre Le Parc, entre otras, que son parte del patrimonio contemporáneo arquitectónico argentino y, posiblemente, de lo mejor de nuestro continente. Comprometido con la modernidad, se reveló desde un principio como un arquitecto sensible, buen dibujante y poseedor de un carácter profesional fuertemente ético que lo conduce a valorar la coherencia y la autenticidad, huyendo de cualquier afectación que oculte la verdad de las cosas.

Como creador, concibe la obra arquitectónica como una bella arte habitable. Quizás, el rasgo más característico de su obra sea la coherencia de sus ideas a lo largo de su extensa trayectoria de siete décadas. Algo que es perfectamente demostrable al recorrer sus primeros centros de salud y viviendas en el interior de nuestro país, a fines de los años 30, con los que defendió desde un primer momento, los criterios modernos frente a los historicistas vigentes en ese entonces.

Para aquel joven profesional talentoso que era Mario Roberto Alvarez, la arquitectura debía ser reflejo de la sociedad a la que pertenecía y, por tanto, reflejo de su tiempo y lugar y no una copia de formas anacrónicas pertenecientes a tiempos pasados evocados, maquillando así la lectura histórica de la época.

La producción arquitectónica de Alvarez debe estudiarse, más que como etapas, como un trabajo continuo cuyo último objetivo es conseguir la expresión más simple en la apariencia de la arquitectura. Esta es una buena perspectiva para entender la evolución de una obra de muchos años. De esta manera, lo superficial y banal va desapareciendo progresivamente de sus obras para acercarse cada vez más a la esencia y a la profundidad, a la idea rectora de cada proyecto. Esta trayectoria profesional se gesta gracias a una postura ética arrastrada desde los primeros años de su profesión y que le permite distanciarse de las tendencias predominantes que se presentan a lo largo de su extensa carrera, lo que dota de una gran coherencia interna a sus propuestas. Mario Roberto Alvarez deja un importante legado de cerca de cinco millones de metros cuadrados en todo el país, de gran calidad, una docena de edificios que son ejemplo de la mejor arquitectura internacional y setenta años de ejercicio de la profesión con múltiples premios y honores.

Una carrera larga y fecunda de un hombre que proyectó y opinó de manera contundente e incansable, dejando tras de sí una huella imborrable.

Por Daniel Silberfaden
Decano de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Palermo. Presidente de la Sociedad Central de Arquitectos 2004-2010. Fotos: Néstor Grassi, Gentileza Prensa y Cedoc PERFIL.

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